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Vulnerabilidad – Un camino más corto a lo que verdaderamente estamos buscando


Una de las prisiones emocionales y psicológicas más grandes que comúnmente encuentro cuándo tengo el privilegio de trabajar con otros seres humanos para que trasciendan lo que les impide sentirse plenos, es la búsqueda de aceptación y reconocimiento de otras personas.

Es una fuente de heridas y dolor del pasado, un miedo que hace que nos paralicemos en el presente frente a situaciones que deseamos pero que consideramos que serán reprobadas por otros y un modelador de las preferencias y gustos que guían nuestras decisiones futuras.

Entonces podríamos pensar que esta búsqueda de aprobación o aceptación de otras personas es la raíz de todos los males. Que debo dedicar mis energías y trabajo personal para conquistar esta necesidad y así libre de los dolores del pasado, actuaré en el presente y viviré como una página en blanco frente a las oportunidades que tenga en el futuro.

Entonces podríamos pensar que esta búsqueda de aprobación o aceptación de otras personas es la raíz de todos los males.

A lo mejor el desafío no está en conquistarla o pretender eliminarla. Quizás sea algo fundamental en nuestra existencia, un rasgo evolutivo que está impregnado en nuestro ADN. Como lo define el filósofo francés Yann Dall’Aglio el amor es nuestro deseo de ser deseados, y este deseo moldea nuestra conducta y pone esta necesidad de aceptación como una de nuestras prioridades en la vida.

El problema está en que esta búsqueda de aceptación es inconsciente y está basada en la creencia de que si somos perfectos, todos nos van a querer. Esto se ve reflejado en la actualidad a través del creciente materialismo, donde sentimos que vistiendo una determinada marca o manejando tal automóvil vamos a proyectar esa imagen de perfección que nos asegurará el cariño que estamos buscando. El problema surge cuando nada de eso nos entrega lo que estamos buscando. La perfección es enemiga de la ternura, del contacto y del cariño. Nos hace más cerebrales, más máquinas y menos humanos.

Quizás el camino sea el opuesto. Que tal si abrazáramos la imperfección. Que aceptáramos que siempre nos vamos a equivocar. Que somos falibles por naturaleza. Que de hecho nuestra estructura de procesamiento de información tiende a que juzguemos de manera incorrecta la realidad. Y sobretodo, que tenemos una orientación natural a buscar el cariño y el afecto de nuestros pares.

Pero que para conseguirlo no requerimos ser perfectos. Si no que lo que requerimos es mostrarnos imperfectos, como realmente somos, seres vulnerables. Que a partir de esa vulnerabilidad se construye lo más hermoso del ser humano. Que si estamos dispuestos a abrir el corazón y amar intensamente sin importar la respuesta, que si estamos dispuestos a entregarnos de manera incondicional, a lo mejor estamos más cerca de realmente ser aceptados, de sentirnos queridos y amados porque estaremos mostrando nuestra verdadera belleza.


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