Blog: El Miedo como Camino

El Miedo como Camino


El miedo es uno de los grandes compañeros que durante toda la vida serán parte de nuestra existencia. Desde temprana edad lo comenzamos a sentir, y para muchos será una de las experiencias que vivirán con el último suspiro.

Es motivo de cuadros de angustia, de desesperación, de depresión y de adormecimiento de la experiencia. Es lo que está detrás de la falta de ganas por hacer algo. La flojera no es más que la manifestación física del miedo crónico. Muchas veces las personas son etiquetadas como flojas, como que no tienen ganas de vivir la vida, cuando en realidad tienen terror a enfrentar una determinada situación.

Entonces la pregunta que surge es ¿por qué reaccionamos así frente al miedo? ¿Si es algo que me va a acompañar durante toda la vida, no sería conveniente relacionarme de otra manera con él? ¿Puedo controlarlo?

Creo que lo principal es entender para que existe el miedo, porque muchas veces es considerado nuestro enemigo, cuando cumple un rol fundamental en nuestras vidas; ser una alarma para que nuestros sentidos estén alerta frente al peligro. O sea, cumple un rol de supervivencia que nos prepara para reaccionar y actuar para mantenernos a salvo.

Creo que lo principal es entender para que existe el miedo, porque muchas veces es considerado nuestro enemigo, cuando cumple un rol fundamental en nuestras vidas.

El problema surge cuando el miedo trasciende la función de alarma y se trasforma en una prisión psicológica. Nuestra mente con su capacidad de viajar a través del tiempo, está constantemente buscando en el pasado y proyectándose al futuro. Muchas veces este viaje está teñido por el color del miedo. Frente al pasado sentimos dolor, resentimiento, coraje, angustia, indiferencia, abandono, rechazo. Esto hace que nuestra proyección hacia el futuro busque evitar revivir estas experiencias, por miedo a que volvamos a sentir lo mismo. Entonces miramos el mañana con temor. Hemos construido una prisión que nos mantiene encerrados recreando los mismos sentimientos una y otra vez.

La ilusión dice que si me retiro, que si me escapo de la situación, el miedo desaparece. Pero en realidad es exactamente lo opuesto. Cuando dejamos algo por miedo, éste se va con nosotros. Nunca desaparece. Baja su intensidad, pero ahí se queda como un carcelero que está dormido esperando cerrar la puerta cada vez que su prisionero se intenta escapar. Al hacer esto convertimos nuestra vida en un camino de miedo. Postergamos cualquier situación que implique un riesgo y buscamos lo conocido. Evitamos todo lo que implique salirme de esta prisión. Nuestra experiencia está teñida en algunos casos de angustia, pero en la mayoría de indiferencia. Sí, es la indiferencia, la falta de pasión y libertad lo que surge cuando he convertido al miedo en mi camino.

Ahora existe una oportunidad extraordinaria para llegar al final de este camino. Para hacer del camino del miedo una guía hacia la libertad. Implica desarrollar la valentía, o sea, la capacidad de actuar a pesar del miedo. Para lograrlo lo único que requiere de mí es hacer algo muy simple en el papel pero de gran dificultad en la experiencia. Tiene dos aspectos, uno hacia el pasado y otro hacia el futuro.

Con respecto al pasado lo que se requiere es hacer las paces con todo lo que nos mantiene anclados en sentimientos negativos. Buscar la manera de aprender de estas experiencias y transformarlas en algo que nos de poder y fuerza.

Con respecto al futuro, hay que estar alertas y conscientes de que cada vez que sintamos miedo frente a algo que estamos viviendo o imaginando, en vez de darnos la media vuelta e irnos, enfrentarlo y vivir la experiencia. Al comienzo sentiremos miedo antes de hacerlo. La tarea es aprender a manejar la angustia, muchas veces el terror que produce. Pero descubriremos que después de enfrentarlo, una mezcla de satisfacción y paz nos empieza a invadir. La libertad llega a nuestra experiencia invadiéndonos con su inmensa tranquilidad. Después de un tiempo, se convertirá en el único camino posible, porque sabremos que cualquier otro camino es una condena.

Y para mí lo más importante radica en que el amor únicamente existe en el espacio de la libertad. Siempre que esté presente el miedo, el amor desaparece.

Con respecto al futuro, hay que estar alertas y conscientes de que cada vez que sintamos miedo frente a algo que estamos viviendo o imaginando, en vez de darnos la media vuelta e irnos, enfrentarlo y vivir la experiencia.

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